En panel del papel a la pantalla Fesd 2026
Sobre el panel Del papel a la pantalla
abril 2026
El último
fin de semana de abril tuvo lugar la cuarta edición anual del Festival de
Escritores de Santo Domingo, FESD 2026. Lo inauguró el conversatorio Del papel
a la pantalla, centrado en la experiencia del escritor y cineasta Miguel
Yarull, a quien me tocó moderar. Este panel era el primer párrafo que la cuarto
edición del Festival de escritores de Santo Domingo utilizó para presentarse al
público. Su personal se dispuso a organizar
un conversatorio en el lobby de una plaza comercial tiene sus particularidades.
La dirección del FESD 2026 y el personal de Galerías 360 trabajaron juntos para
sortear las dificultades propias de montar un evento cultural en un espacio
diseñado para otro propósito: la acústica, el flujo de personas, la disposición
del mobiliario. El resultado fue un escenario funcional y acogedor que permitió
que el festival arrancara con buen pie. Las imágenes que
acompañan este texto cuentan mejor que yo los pequeños desafíos logísticos de
la jornada.
A las diez y once de la mañana, con buena
asistencia de escritores y cineastas madrugadores, la conversación arrancó con
un breve recorrido por los postulados teóricos e históricos de la adaptación
cinematográfica. Recordamos que algunas de las obras más influyentes del cine
del siglo veinte nacieron de la literatura: El Padrino, donde Mario Puzo no
solo escribió la novela sino que coescribió el guion junto a Coppola, es quizás
el ejemplo más citado de una adaptación que supera en prestigio al original sin
traicionarlo. Hablamos también de Titanic, que adapta un hecho histórico con la
misma libertad con que la ficción trata a sus personajes inventados, y
señalamos algo que el público recibió con sorpresa aunque los números lo
confirman: las cuatro franquicias más exitosas de la historia reciente del
cine, Jurassic Park, El señor de los anillos, Harry Potter y el Universo
Cinematográfico de Marvel, están todas basadas en publicaciones literarias. El
cine comercial más rentable del planeta es, en el fondo, un gran lector.
Enseguida giramos hacia el trabajo de Yarull.
Habló con la candidez de los artistas que reciben agradecidos el reconocimiento
del público. No nos mostró el detrás de cámaras de sus películas sino el detrás
del corazón de las mismas: La Gunguna
(2015), Reinbou (2017), y Motel: Cuentos de la vida, la muerte y otras
celebraciones (2021) fueron revisadas una a una, con sus procesos de
adaptación, sus decisiones narrativas, y las peculiaridades de la distribución
dominicana, incluyendo los curiosos meses del 2020 al 2022.
El momento de preguntas y respuestas deparó la
sorpresa más interesante de la mañana. El público, lejos de limitarse a
preguntas sobre técnica o sobre las películas, quiso saber sobre las
condiciones laborales del guionista dominicano: honorarios, contratos,
emolumentos. Preguntas que en otro contexto podrían parecer indiscretas
revelaron algo más importante: que quien asiste a un evento como este no solo
admira el arte sino que considera seriamente practicarlo. Eso habla bien del
público y habla bien del festival.
Y esa es quizás la observación más valiosa que me
llevo del conversatorio: a pesar de lo que sugieren ciertos índices de
audiencia, en Santo Domingo existe un público genuinamente interesado en
literatura y cine de valor más profundo que el comercial. Ese público madrugó
un fin de semana de abril, hizo preguntas inteligentes e indiscretas, y se
despidió con calidez. El FESD 2026 lo encontró. Eso ya es un logro.
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