Shakespeare en la periferia: nomenclatura trágica y capital cultural en Neon Genesis Evangelion
Soy fan de Neon
Genesis Evangelion desde que vi, repetí, su octavo capítulo una calurosa
tarde de los finales de la primavera del año de 1999.
trailer de la edición gringa en vhs.
Mi buen amigo Harley Quezada, luego de que yo saliese intempestivamente de un visionado de Dragon Ball Z que él había organizado en el cine club clandestino de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, me prestó un casete de vhs, que contenía, según él, el proyecto que me haría enamorarme del Anime. Ese proyecto era una versión doblada al inglés de todos y cada uno de los materiales audiovisuales que hasta la fecha había publicado en América Gainax. Los tres primeros capítulos no me convencieron, los vi, por respeto a la amistad que me unía a Harley, el cuarto me convenció de llegar hasta el final de la serie. Pero antes de seguir quise volver a verlo, me había gustado mucho, y quería estar seguro de que fuera un buen relato audiovisual. Al cuarto le siguió en rápida sucesión el quinto, y el sexto, fenomenales, pero que no eran lo último de lo último, como Harley había prometido, si estaban muy bien, si hacían referencias respetuosas al cine de Kubrick, y de Tarkoskvy como Harley había prometida, pero no me iba a hacer enamorar del anime, esos personajes, en especial su protagonista no me convencían. El séptimo
era un gran episodio, también lo repetí, y después, y de muy buen ánimo me
dispuse a disfrutar del octavo episodio. Ya seguro de que Harley se había
equivocado, pero disfrutando el viaje animado y apocalíptico. Entonces lo vi,
el octavo episodio, y luego volví a verlo, y entonces tuve que mostrárselo a
más personas, única excusa valida en aquel entonces para ver por tercera vez el
episodio de unos muñequitos. ¿Qué tenía el octavo episodio de una serie de
animes japonés sobre robots luchando para evitar el fin del mundo que me
obligaba a molestar a la gente para sentarse conmigo a verlos? Muchas cosas:
Alusiones a Melville, y a Poe, referencias al Capitán Nemo, y al Dr.
Strangelove, una escena sacada del humor picaro de Chaplín, y además, y con una
fuerza soterrada que es el motivo de este artículo y el sentido de su título.
La presencia más telúrica que subterránea del Bardo de Stratford-upon-avon.
En la posmodernidad Shakespeare ha dado para todo y para todos.
La presencia de William Shakespeare en la cultura
contemporánea rara vez se limita a la lectura o representación directa de sus
obras. En el ecosistema mediático global, su legado ha mutado hacia formas más
difusas: alusiones fragmentarias, apropiaciones simbólicas y, en no pocos
casos, simples operaciones de nombramiento. (Ya lo había pronosticado R.
Barthes) Este fenómeno se vuelve particularmente visible en contextos alejados
de la tradición literaria anglosajona, como el anime japonés de finales del
siglo XX.
Un ejemplo revelador se encuentra en Neon Genesis Evangelion (1995), serie creada por Hideaki Anno, para la productora Gainax. En su octavo episodio el relato presenta una flota naval, comisionada por las Naciones Unidas para llevar el componente fundamental de la trama de la serie hasta ese momento. Esta flota es el non plus ultra del material belico convencional que poseen las fuerzas combinadas de las marinas de guerra de Gran Bretaña, y los Estados Unidos. A la flota ( no quiero contar el episodio, lo pueden buscar en su servicio de streaming de elección) le ocurren una serie de acontecimientos, y en medio de estos acontecimientos se van escuchando los nombres, de los principales buques de la flota, el insignia se llama Over the rainbow, ya hablaremos otra vez de ese nombre, y el resto de los mencionadas llevan nombres, con los que no se estila nombrar equipamiento militar (que son títulos que si usted no reconoce, vaya a buscarlos antes de seguir leyendo este artículo, o deje de leerlo por completo)
Para ilustrarse un poco sobre las obras de Shakespeare
Othello, Titus Andronicus, Cymbeline y The Tempest. A primera vista, esta selección podría interpretarse como un gesto decorativo o arbitrario. Sin embargo, un análisis más detenido sugiere que nos encontramos ante una forma específica de circulación cultural: Shakespeare no como texto, sino como léxico de gravedad simbólica.
Este artículo propone que la nomenclatura
shakespeariana en Evangelion no
responde a una intención de adaptación o intertextualidad directa, sino a la
instrumentalización (Si lo siento no pude evitarlo, pero si usted no entendió a
qué me refiero, vaya a continuar viendo Evangelion, no debe de haber visto más
que los primeros siete capítulos) de un repertorio cultural prestigioso que
opera como marcador de densidad trágica y legitimidad global. En este sentido,
la serie de anime de los 90s ofrece un caso paradigmático de cómo los clásicos
literarios son reconfigurados en el marco de la cultura mediática transnacional.
Como es costumbre en la cultura popular, Orson Welles lo hizo antes.
Shakespeare como archivo cultural global
Desde finales del siglo XX, la crítica ha señalado
la transformación de Shakespeare en un fenómeno global, desligado en gran
medida de su contexto histórico original. Más que un autor, Shakespeare
funciona hoy como un archivo cultural disponible, cuyos elementos pueden
ser extraídos, recombinados y re significados en contextos diversos.
En este capítulo de Evangelion ese proceso de
Rebranding cultural implica una mutación fundamental: las obras dejan de operar
como unidades dramáticas coherentes y pasan a convertirse en signos
portátiles. Títulos como Othello o The Tempest ya no remiten
exclusivamente a tramas específicas, sino que evocan campos semánticos amplios:
celos, traición, tormenta, control, destino. En otras palabras, Shakespeare
deviene en un sistema de indexación simbólica. (Si Umberto Eco, también
es referenciado en Evangelion, pero eso es para otro artículo)
En este marco, la selección de títulos para nombrar buques que hace el autor de Evangelion resulta menos arbitraria de
lo que parece. No se trata de una curaduría cronológica ni de una preferencia
por las obras más populares, sino de la activación de un conjunto de signos que
condensan distintas modalidades de lo trágico. Titus Andronicus,(Escrita
entre 1588 y 1593 a.d.) por ejemplo, representa una violencia extrema y casi
grotesca;(Viene mucho de eso en el anime) Othello, (Escrita cerca de1603
) una interiorización destructiva del conflicto;(Eso ya para la altura de este episodio se
ha visto muchas veces en la serie) Cymbeline, (No hay certeza de su fecha de composición
pero si de haber sido representada en 1611) una oscilación entre caos político y
reconciliación; (Sobre esa tensión está construida la serie entera) The
Tempest, (Con fecha de escritura incierta se tiene registro de haber sido
representada en 1611) una clausura ambigua basada en el control de fuerzas
invisibles. (Si les digo que Hideaki Anno ocultó spoilers de la serie en los
nombres de los barcos que se hunden en este episodio les estaría dando un
spoiler)
Lo relevante no es la fidelidad a las obras, sino la
densidad simbólica que sus nombres transportan.
La lógica del nombramiento en Evangelion
En el octavo
episodio (22 de noviembre de 1995,
televisión nipona) de Evangelion,
la flota del Pacífico se presenta como una fuerza militar internacional,
sofisticada y tecnológicamente avanzada. En este contexto, el uso de nombres en
inglés y, más específicamente, de referencias a Shakespeare, cumple varias
funciones simultáneas.
En primer lugar, establece una estética de
internacionalización. El inglés opera como lingua franca del poder global,
y la incorporación de nombres shakesperianos refuerza la idea de una coalición
transnacional. No se trata simplemente de Japón, sino de un orden mundial en
crisis.
En segundo lugar, estos nombres introducen una capa
de gravedad cultural. La guerra, en Evangelion,
no es un conflicto convencional, sino una confrontación de escala casi
metafísica. La nomenclatura shakespeariana contribuye a dotar a esta guerra de
una resonancia trágica que excede lo meramente militar.
En tercer lugar, la selección evita deliberadamente
las obras más obvias del canon. La ausencia de títulos como Macbeth, quizás la tragedia más asociada
al poder y la guerra, sugiere una
estrategia de desplazamiento cultural. En lugar de recurrir a lo
inmediatamente reconocible, Evangelion
opta por una referencia más oblicua, que privilegia la sofisticación sobre la
transparencia.
Este tipo de operación es consistente con una
tendencia más amplia en la cultura japonesa contemporánea: la apropiación de
elementos occidentales no como objetos de reproducción fiel, sino como material
simbólico reconfigurable.
The Tempest
como núcleo interpretativo
Entre las obras mencionadas, The Tempest ocupa un lugar particularmente sugestivo. A diferencia
de otras tragedias famosas, The Tempest pertenece al ciclo tardío de
Shakespeare, caracterizado por estructuras narrativas más abiertas y una
resolución que oscila entre la reconciliación y la ambigüedad. (Además de un controversial retorno a postulados eticos del mas puro y duro protestantismo ingles de su época)
La figura de Próspero, quien controla una isla y
manipula a sus habitantes mediante fuerzas invisibles, ofrece un paralelo
conceptual con las dinámicas de poder en Evangelion.
La organización NERV, comandada por Gendō Ikari, opera como un espacio cerrado
donde se articulan estrategias de control sobre entidades que exceden la
comprensión humana. Los Eva, como instrumentos semiautónomos, pueden ser leídos
como equivalentes tecnológicos de los espíritus que Próspero gobierna.
Este paralelismo no implica una relación de
influencia directa, pero sí sugiere que The Tempest funciona como un nodo
simbólico particularmente afín al universo de Evangelion. En este sentido, su inclusión en la nomenclatura naval
podría interpretarse como algo más que una coincidencia: una señal de afinidad
estructural entre dos formas de imaginar el poder y el control.
Contrapunto: “Over the Rainbow” y la
dialéctica de la evasión
La presencia del buque insignia Over the Rainbow
introduce un elemento disonante en este sistema de referencias. A diferencia de
los nombres shakesperianos, este remite a la canción Over the Rainbow,
popularizada por Judy Garland en la película de 1939 The Wizard of Oz.
Este cambio de registro, de la tragedia isabelina al
musical clasico hollywoodense, no debe interpretarse como una incoherencia,
sino como una dialéctica interna. Si los nombres de Shakespeare evocan
el peso de la historia, el conflicto y la fatalidad, “Over the Rainbow” encarna
el deseo de escape, la aspiración a un mundo distinto.
En el contexto de Evangelion, esta tensión resulta central. Los personajes oscilan
constantemente entre la confrontación con una realidad traumática y la fantasía
de evasión. La coexistencia de ambos registros en la nomenclatura naval sugiere
que la serie no se limita a representar la tragedia, sino que también articula
el anhelo de trascenderla.
Shakespeare sin Shakespeare: hacia una
teoría de la referencia periférica
El caso de Evangelion
permite pensar una modalidad específica de intertextualidad que podríamos
denominar referencia periférica. (termino que se utiliza más en
medicina, en especial con relación a los procedimientos diagnósticos usados
para examinar la forma, tamaño, y cantidad de las células sanguíneas. Si, a los
otros fans de Evangelion les vuelvo a pedir perdón por usar estar referencia
tan oscura a un spoiler de la serie,) A diferencia de la adaptación o la cita
directa, esta forma de referencia no busca establecer un diálogo explícito con
el texto original, sino activar su carga simbólica en un nivel lateral.
En este sentido, Shakespeare aparece en Evangelion no como autor, sino como infraestructura
cultural. En palabras de Ashley-Marie
Maxwell “Las obras
de Shakespeare funcionan como un reservorio de significantes disponibles,
capaces de conferir densidad y legitimidad a un universo ficcional sin
necesidad de ser desarrolladas narrativamente”.
Este fenómeno plantea preguntas relevantes para los
estudios shakesperianos contemporáneos. ¿Qué implica que Shakespeare circule de
esta manera, desligado de sus textos? ¿Cómo afecta esto a su estatus como autor
canónico? ¿Es posible seguir hablando de “Shakespeare” cuando lo que se
moviliza son únicamente sus nombres?
Lejos de debilitar su relevancia, esta forma de
circulación podría interpretarse como una prueba de su vigencia estructural.
Shakespeare persiste no solo porque se lea, sino porque se reutiliza.
Conclusión
La presencia de nombres shakesperianos en la flota
naval de Neon Genesis Evangelion no constituye una simple curiosidad
anecdótica, sino un indicio de procesos más amplios de circulación cultural. Al
despojar a las obras de su contexto original y reinsertarlas como elementos de
nomenclatura, la serie transforma a Shakespeare en un conjunto de signos
móviles, capaces de operar en un entorno completamente distinto al de su
origen.
Esta operación no implica una pérdida de
significado, sino una reconfiguración funcional. Shakespeare deja de ser
un corpus literario para convertirse en un recurso simbólico, un lenguaje de la
tragedia disponible para nuevas formas de narración.
En este sentido, Evangelion
no adapta a Shakespeare, pero lo utiliza con precisión. No lo cita, ni lo convoca,
sino que lo invoca, así como Prospero invocaba a los espíritus que creía
controlar, Y en ese gesto, aparentemente menor, se revela una de las formas más
elocuentes de su supervivencia en la cultura contemporánea: no como texto que
se interpreta, sino como nombre propio que resuena.
Hoy a más de dos décadas de que mi amigo Harley me
prometiera que Evangelion iba a gustarme, tengo que repetirle, (Espero que
llegue leyendo hasta estas líneas) ¡Muchas gracias Harley por ponerme a verlo!
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