Acerca de la utilidad de la literatura bis, mi reencuentro con Fiodor Dostoyevsky
!Que viva la literatura y aquellos que la aman!
En la colección de inmortales se incluye un texto del que jamás había escuchado nada,
Stepanchikovo y sus habitantes.
Al leer el titulo, pensé. Cual de los depresivos senderos de este sufrido hombre lo habrá llevado a desearle el mal a los habitantes de aquella aldea de ponerla como titulo de una de sus tragedias. !Cuan vasta no sería mi sorpresa al descubrir que estaba a punto de leer una comedia de Dosteyevsky!
Si, ya sabía que Fiodor había escrito comedias incluso . Sin embargo, ya desde el titulo sentía aprehensión, un cierto resquemor de la lectura de la comedia pasada, sin embargo, me arroje a la aventura de reir con Dostoyesvky y si bien, como todos las aventuras con el han sido, tuve que sufrir el espejo de papel, palabras e ideas que cada novela del ruso pone al alma humana, pude reir, y a veces como en el caso del cambio del apellido y en el estudio de Dembow (si, no fuera cristiano lo juraría, Fiodor Dostoyesvky en su novela Stepanchikovo y sus habitantes hace un estudio profundo y funesto sobre el Dembow) que no es tan unico como su estudio sobre la risa, tal vez el mas profundo y claro de todos los que se han dado a conocer entre el gran publico.
Sobre la risa
«Yo tengo la idea de que cuando un hombre ríe, la mayoría de las veces es una cosa que repugna contemplar. La risa manifiesta de ordinario en las personas un no sé qué de vulgar y de envilecedor, aunque el que ríe casi nunca sepa nada de la impresión que está produciendo. Lo ignora, lo mismo que se ignora por lo general la cara que se tiene durmiendo. Hay durmientes que cuyo rostro sigue pareciendo inteligente, y otros, inteligentes por lo demás, que, al dormirse, adquieren un rostro estúpido y hasta ridículo. Ignoro a qué se debe eso: quiero decir solamente que el reidor, como el durmiente, lo más ordinario es que no sepa nada de su rostro. Hay una multitud extraordinaria de hombres que no saben reír en absoluto. En realidad, no se trata de saber: es un don que no se adquiere. O bien, para adquirirlo, es preciso rehacer la propia educación, hacerse mejor y triunfar de sus malos instintos: entonces la risa de un hombre así podría muy probablemente mejorarse. Hay una gente a la que su risa traiciona: uno se da cuenta en seguida de lo que llevan en las entrañas. Incluso una risa indiscutiblemente inteligente es a veces repulsiva. La risa exige ante todo franqueza, pero ¿dónde encontrar franqueza entre los hombres? La risa exige bondad, y la gente ríe la mayoría de las veces malignamente. La risa franca y sin maldad, es la alegría: ¿dónde encontrar la alegría en nuestra época y dónde encontrar a la gente que sepa estar alegre? (…) La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno. Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas. Miradlo más bien cuando ríe. Si ríe bien, es que es bueno. Y observad con atención todos los matices: hace falta por ejemplo que su risa no os parezca idiota en ningún caso, por alegre e ingenua que sea. En cuanto notéis el menor rasgo de estupidez en su risa, seguramente es que ese hombre es de espíritu limitado, aunque esté hormigueando de ideas. Si su risa no es idiota, pero el hombre, al reír, os ha parecido de pronto ridículo, aunque no sea más que un poquitín, sabed que ese hombre no posee el verdadero respeto de sí mismo o por lo menos no lo posee perfectamente. En fin, si esa risa, por comunicativa que sea, os parece sin embargo vulgar, sabed que ese hombre tiene una naturaleza vulgar, que todo lo que hayáis observado en él de noble y de elevado era o contrahecho y ficticio o tomado a préstamo inconscientemente, y de manera fatal tomará un mal camino más tarde, se ocupará de cosas “provechosas” y rechazará sin piedad sus ideas generosas como errores y tonterías de juventud.
Fiodor es imperdible, no solo por ser ruso, y creo que es muy importante hacer esa salvedad, mientras occidente quiere atacar a Rusia y su cultura, olvidando que el verdadero enemigo es el comunismo, las personas conscientes tienen que aprender a discernir y mostrarle a los demás que ser ruso no es nada malo, al contrario, la Humanidad le debe tanto a esa vasta y poderosa cultura y por eso leer a Dostoyevski, ver a Tarkosvky, que la sinfónica nacional monté un concierto con música de Prokofiv son símbolos de madurez. ¡Que muera el comunismo! ¡Que viva Rusia!
Y eso, mostrar la vida en Rusia es algo que el viejo y bueno Fiodor logra hacer tan bien. Baste recordar que Einstein opinaba que no había aprendido tanto de nadie, como lo que aprendió de Dostoyevski, que era un hombre sujeto a pasiones como las nuestras, en medio de una situación extrema, no solo era un habitante del imperio zarista decimonónico, sino que fue un conspirador, que escapó la pena de muerte, pasó cuatro largos y penosos años en las prisiones de Siberia, atormentado en el amor, sufrido, enfermo, de epilepsia, miren si tenía una enfermedad literaria, y que logró levantarse de todos sus conflictos externos y penas internas con un amor sincero y profundo por el resto de sus hermanos humanos, que tenía como norte de vida la lealtad, la solidaridad, y el amor fraternal, que mientras luchaba con sus pecados, buscaba refugio en un DIOS al que temía esquivo y que a través de su amada taquígrafa y una constante lectura de la Biblia reconoció cercano y cálido. Cuenta su viuda que El bueno de Fiodor muere en sus brazos después de su lectura matutina del Evangelio, en ese día de su muerte el escrito por Mateo. Y eso es un punto de mucha relevancia, porque decir que el autor de la novela de auto ficción, de antes de que ese término existiese, El Jugador, sea un hombre cristiano es algo que genera mucha tensión en sus críticos y estudiosos.
El
Jugador es un texto, una novela corta, frenética, que muestra
las bajezas oscuras del alma de su autor, trasducidos en personajes curiosos y
hasta jocosos, las personas más importantes de la vida del autor hasta ese
momento: su amante menor de edad, Su rival Turgeniev, algún amigo muy cercano o
su hermano mayor, en ese entonces fallecido, por supuesto amado, sus editores
de quienes dependían sus ingresos, se encuentran con el autor en la ciudad
ficticia de Ruletemburgo. Entregados el vicio horrible de la ludopatía, , y mientras
se dan a las pasiones más ridículas van mostrando las dificultades de ser humano
en esta Tierra. Sometidos a fuertes pasiones en medio de nuestras débiles defensas, imposibles de ejercer a plena
capacidad nuestro albedrio, los personajes de El Jugador se envuelven en una ruleta autodestructiva de la que
quien sale peor parado es el alter ego del autor. ¿Cómo suponer que un
individuo cristiano va a mostrar un testimonio tan bajo de su vida? Pues si,
Fiodor Dostoyevski no tiene miedo de decir: ¡Míreme, soy poca cosa!
Kafka se inspiró en Fiodor
Hagamos un aparte sincero, ¿Qué pensaríamos de alguien que mientras predica una vida fiel a DIOS reconoce que su corazón es una olla de pecados y debilidades? Pues en el mejor de los casos diríamos que es un tonto, que se pone en evidencia sin necesidad, porque a él nadie le estaba preguntado. Sin embargo, el testimonio bíblico asegura que el autor tenía la razón, dice la Escritura: El que confiesa su pecado y se aparta será perdonado, y Quien se ensalza será humillado, mas quien se humille será Exaltado.
Y cuenta, no la leyenda, hay certificados de matrimonio y veinte años de vida común que demuestran, que no solo le llegó el éxito de ventas con esta novela, sigue siendo su obra más vendida todavía quince décadas después de su publicación. La primera lectora de la novela, la taquígrafa que la copió quedó tan impactada que… Mejor leerlo en palabras del mismo autor, en una pequeña carta enviada a su amante adolescente que tan mal parada queda en la novela:
Mi taquígrafa era una muchachita de veinte años, bastante bonita, de buena familia, que había cursado estudios de liceo, a lo que hay que añadir una gran bondad e igualdad de carácter. El trabajo marchaba bien. Al final de la novela me percaté de que mi taquígrafa me amaba sinceramente en silencio, y de que a mi cada día me gustaba más. Como desde la muerte de mi hermano la vida se me ha hecho terriblemente tediosa y vacua, le propuse casarme con ella. Ella consintió y ya estamos casados. La diferencia de edades es tremenda, (cuarenta y cuatro y veinte), pero cada vez estoy más persuadido de que seré feliz. Tiene corazón y sabe amar. Es decir, todo lo que a ti, Polina, te falta.
¿Quién diría que el autor de Noches Blancas iba a tener éxito en el amor?
Pues sí, su matrimonio con Anna la taquígrafa fue exitoso, estuvieron juntos como pareja ejemplar, según todos los registros, hasta la muerte del novelista poco después de dar su panegírico en el centenario de Pushkin, otro de los grandes regalos que Rusia le ha dado a la Humanidad.
Noches blancas es mi novela favorita de Fiodor Dosteyevski, y uno de mis sueños es poder adaptarla a la pantalla, sin embargo, a años de leerla y disfrutarla, no he podido encontrar la manera de traducir la circunstancia de las noches blancas de hemisferio septentrional a nuestra realidad caribeña. Con el texto de Fiodor que si tuve un éxito relativo al adaptar (Participó en algunos festivales, tanto en Santiago como en el Caribe) fue con Crimen y Castigo. Que trasladé junto a un grupo pequeño y selecto de queridos amigos a la pantalla del internet y cometo la insolencia de agregar su enlace a este texto.




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