Los poetas de mi adolescencia
Rima vigesima octava de Becquer
XXI
¿Qué
es poesía?, dices mientras clavas
en
mi pupila tu pupila azul.
¿Qué
es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía...
eres tú.
G.A.Becquer
Los años de la adolescencia, cuantas locuras y tonterías, pecados de los que luego me arrepentí, y cuantas alegrías y buenas ratos.
Muchas veces no nos arrepentimos de las cosas, sino que las olvidamos, yo por ejemplo
tuve olvidados a los poetas que me acompañaron en la juventud, hace poco, y por
las redes sociales para agregarle peculiaridad al asunto, un encuentro con una
de las rimas de Gustavo Adolfo Becquer, la vigesimo octava, me devolvió al recuerdo el trio de los
poetas que acompañaban mis lecturas vespertinas. Los tres dominicanos, los tres
epigonales de la polaridad Becquer-Ruben Dario, los tres románticos, bohemios,
modernistas hasta la fatalidad, con razón los había olvidado, pero el 2022 ha
sido así un año de cosas peculiares.
El primero que recupero de mi memoria fue el más epígono
de Becquer:
Plenilunio
A Américo Lugo
Por la verde alameda, silenciosos,
íbamos ella y yo;
la luna tras los montes ascendía,
en la fronda cantaba el ruiseñor.
Y la dije… No sé lo que le dijo
mi temblorosa voz…
En el éter detúvose la luna,
interrumpió su canto el ruiseñor,
y la amada gentil, turbada y muda,
al cielo interrogó.
¿Sabéis de esas preguntas misteriosas
que una respuesta son?…
Guarda, oh luna, el secreto de mi alma!
Cállalo, ruiseñor!
Fíjese amable e hipotético
lector sino es casi una variación sobre el poema de Becquer que empieza este escrito.
Continuan sus rimas
con una pasión nunca desaforada, como corresponde a seguidores y admiradores de
Becquer. Nunca desaforada aunque el tema pertenezca a los misterios.
For Ever
A Juan T. Mejía y Porfirio Herrera
Cuando esta frágil copa de mi vida,
que de hermosuras rebosó el destino,
en la revuelta bacanal del mundo
ruede en pedazos, no lloréis, amigos.
Haced en un rincón del Cementerio,
sin cruz ni mármol, mi postrer asilo,
después, ¡oh! mis alegres camaradas,
seguid vuestro camino.
Allí, solo, mi amada misteriosa,
bajo el sudario inmenso del olvido,
¡ Oh cuán corta encontraré la noche eterna
para soñar contigo!
Termina mi repaso
por este gran poeta nacional con un hermoso y breve texto que nos recuerda la
pequeña rima XXI de Becquer, ampliandola.
El silencio de unos ojos
Qué me dicen tus dulces ojos
negros,
tan cargados de sombras, ¡oh, adorada!
que en la noche me basta su recuerdo
para llenar mi corazón de lágrimas.
Qué me dicen tus dulces ojos
negros,
en su silencio lleno de palabras
tan leves, que el oído nunca advierte
cuando se adentran en mi oscura entraña…
Tal dos aves que buscan su refugio
en un agrio peñón de oculta playa,
y en su áspero nidal, en vez de cánticos
alzan al cielo súplicas calladas.
¿Qué tiene de malo seguir a Becquer?
Por supuesto que nada, máxime si esto
ocurre en una pequeña isla del Caribe, donde en sinceridad, la cantidad de
lectores era ínfima comparada con la cantidad de oyentes.
Luego pase a recordar a Osvaldo
Bazil, este no solo admiraba a Becquer y a Ruben Dario, sino que llegó a ser
gran amigo del poeta nicaragüense. Limito los datos biográficos, porque…bueno también
limito las fotos, porque…bueno.
Pequeño nocturno
Ella, la que yo hubiera amado
tanto,
la que hechizó de músicas mi alma,
la que el más blando susurrar de égloga
derramó en el azul de mis mañanas,
me dice con ternura que la olvide,
que la olvide sin odios y sin lágrimas.
Ella, la que me ha dado más
ensueños
y más noches amargas,
se aleja dulcemente,
como una vela blanca.
Yo, que llevo enterrados tantos
sueños
que cuento tantas tumbas en el alma,
no sé por qué sollozo y por qué tiemblo
al cavar una más en mis entrañas.
Imagine la impresión que unos versos
como estos puede tener entre un grupo de adolescentes en la ciudad de Santo
Domingo. Recitar algo así, limitado de inflexiones, tratando de expresar su
sentido de pérdida y nostalgia…Me costó dos años escolares de burlas, y aprendí
a guardame el gusto de la poesía para mí. Por eso a nadie le compartí el
descubrimiento este curioso poeta, excesivo, con el espíritu de Casandra y que
murió joven aquejado de la pandemia del virus respiratorio de principios del
siglo XX, Apolinar Perdomo.
"CANCIÓN DE AMOR"
Tu ventana está abierta... ¿estás dormida?
¡Quién pudiera saber adónde el vuelo
habrá alzado tu alma bendecida!
¿Se ha fugado un momento de la vida
para estar con los ángeles del cielo?
¿O escoltada por blancos serafines,
intangible, sutil, plena de olores,
correteará, traviesa, en los jardines
con el alma fragante de las flores?
Tu ventana está abierta. Te importuna
con sus caricias la nocturna brisa,
mientras un rayo de la casta luna
juega a besos de luz con tu sonrisa.
¿Sueñas?... ¡oh, sí, tu sueñas y sonríes!
¿Reproduce tu sueño algún instante de amor?
¿la hora del te amo vacilante
que hizo un temblor extraño de rubíes
sobre tu boca breve e incitante?
¿O aquel idilio, cuando yo de hinojos
contemplaba tu faz, y se tendía
desde mis ojos a tus tiernos ojos
como un puente ideal, por do venía,
de tus caricias entre el vago arrullo,
tu alma divina a perfumar la mía
e iba mi amor a despertar el tuyo?
¡Tu ventana está abierta! Están ansiosas
las flores que cuidaste en tu ventana
por mirarte otra vez: Para tus rosas
¡tú eres más que la luz de la mañana!
Una tarde, de esas que ahora miro
rejas divinas en tranquila calma,
todo tu amor, deshecho en un suspiro,
cayó desde tu boca hasta mi alma.
Y es desde entonces que encienden los rubores
la albura de tu rostro de querube,
cuando a tus rejas, floreciendo amores,
la enredadera de mi verso sube.
Ahora, en silencio, solo, las cortinas
de tu albo lecho el pensamiento ronda,
y contemplo, tras ansias peregrinas,
la artística actitud con que reclinas
tu perfumada cabecita blonda;
la mano sobre el pecho, blanca y bella,
movida levemente, que parece
el reflejo intangible de una estrella
que un mar de espumas acaricia y mece;
el brazo ebúrneo, blanco como un cirio
que está fuera del lecho, y es lo mismo
que un tallo enorme que sostiene un lirio
desmayándose al borde de un abismo;
y sobre el oro de tu cabellera
tu blanca faz, y en ella tu sonrisa,
como un ala rosada que durmiera
sobre tu boca, el sueño de tu risa...
¡No despiertes, mi amor!... ¡Te ve mi ensueño
tan ideal, tan bella así dormida,
que no se si quisiera que tu sueño
durara para mi toda la vida!
¡Más no! Que están en la ventana abierta
tus flores, y por verte están ansiosas:
no para mi, que te mirara aún muerta,
pues vives en mi ser: ¡Por Dios, despierta
para la vida de tus pobres rosas!
Este poema del malogrado sr. Perdomo, que antes que a Dario
y Becquer aparece tributario de Garcilaso y por ende de Boscan, y en última
instancia, ante el terrible sino que se encuentra en el antepenultimo verso:
No para mí, que te mirara aún muerta,
Es un poema que remite a Dante. Quise limitar las anécdotas
de este artículo, sin embargo no puedo callar que este poema
como la obra de los buenos poetas terminó siendo profecía.

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