La vigésimo séptima bienal de artes visuales de Santo Domingo 2013

 


Una de las obras de arte de la 26 Bienal en el 2013

Este artículo se escribió para la revista online Complexus septiembre 2013

En uno de los relatos más antiguos de la humanidad, el del sueño de Faraón en Egipto que José Ben Jacob interpretó (las catorce vacas y las catorce espigas) se nos muestra el principio económico de la humanidad, la posesión de la tierra, indispensable para la producción agrícola es el activo principal, (se necesita suelo y agua para poder sembrar) activo que podía transarse, pero que por su utilidad para alimentar era lo más importante.  

Durante el siglo XIX, principalmente en Europa, se manifestó una lucha de poderes entre la reminiscencia de la ya por mucho tiempo rancia aristocracia y de la emergente clase burguesa. Clase social, estrato, cuya principal fuente de riqueza, en contraposición con la aristocracia que basaba su riqueza en el derecho de posesión de vastas extensiones de terrenos (latifundios); era fluida. Sus negocios eran más dúctiles que el oro la fuente de su ganancia era más que poseer, transar. Las grandes fortunas que se negociaban en las bolsas de valores de París y Londres dependían más de la rapidez de sus correos (palomas mensajeras de bronce adornan la casa de los Rothschild) que de las veleidades del clima como si dependían de las nubes y su lluvia las grandes fortunas de la aristocracia, que había tenido que salir de París, pero se fortalecía en Viena y Moscú.

Los tesoros de la humanidad siempre han viajado, solo hay que imaginar la incesante caravana de joyería entre Macedonia y Babilonia, entre Fílipos y Susa, entre el Induskun y el Peloponeso durante las campañas de Alejandro o releer el catálogo de naves que declamaba Homero e imaginar lo que debe haber costado, para hacerse una idea de tesoros en movimiento. Sin embargo el que viájese no implicaba que fuese móvil.  Juan Bosch en su novela de aventuras “El oro y la paz” muestra un ejemplo literario de las vicisitudes y peligros del transporte de la riqueza, John Houston, llevando a la pantalla las novelas de Ted Maccord y de D. Hammett lo presentaba cinematográficamente (“El halcón maltes” “El tesoro de la Sierra Madre”) el acarreo de activos se hacía desde los primeros tiempos de la humanidad con un grave peligro de muerte.

 Así era en el antiguo Egipto, y así siguió siendo hasta el final de la Guerra fría. Todos los modos de producción han dependido de poner a funcionar el terreno, tenían un principio sólido. Por eso la segunda película de los Lumiere es “La salida de la fábrica”, que era el fundamento y luego entraba en operación el transporte (por eso la primera película de los Lumiere es “La llegada del tren a la estación de Ciotat”) que servía para distribuir esos activos. Y aumentar la riqueza. La aristocracia había basado su poder en el control de la tierra sobre la que se construían o transportaban los activos, en el siglo xix la burguesía y sus financistas le habían dado una vuelta a la tuerca a esa situación y su poder se basaba más que en activos físicos en activos fluidos: relaciones con el poder, letras de cambios, acciones, derechos de giro, y luchaba por obtener el primer lugar en la cadena alimenticia, la pirámide económica.

El arte, que no puede escaparse de ninguna de las luchas humanas, y que se espera las comunique, interprete y a veces las haga comprensibles no podía apartarse de este enfrentamiento. En la pintura, durante la penúltima década decimonónica los trazos empezaban a ser más fluidos que nunca(los cuadros eran pagados más que por aristócratas por burgueses) parecidos a la fluidez de la riqueza financiera representaban la inconstancia de la luz (producida por la naturaleza compleja, aun no descubierta de la luz)

La pintura aristocrática



Disfrutando de la Monalisa, Paris 2018

cuya cúspide es considerada aun en el 2013   “La Gioconda”, el retrato era el género más reconocido, correspondía con el ideal platónico de lo móvil y pasajero como insuficiente. Los pintores del impresionismo con la fluidez de sus trazos y temas (ballerinas, desayunos sobre la hierba) hacían de la brevedad su motivo. Siguiendo la paradoja del intentar dejar constancia de lo inefable por medio del arte de la fijación con pigmentos, arte que hasta ese entonces se dedicaba a mostrar lo irreal del paso del tiempo. (Trama del “Relato de Dorian Gray”)

 Roto el pacto ancestral y filosófico entre el arte y la concepción del tiempo como apariencia las puertas de lo fluido se desbordaron (lo cinético es llamado en estética) un siglo después (1989) los paladines del liberalismo económico de nuevo cuño (el neo dejar hacer y dejar pasar): la dama de hierro, Juan Pablo segundo y Reagan daban por certera y única una visión economicista de la humanidad que aducía a un pensamiento único y a un fin de la historia que haría fluir todo más fácilmente (hasta junto con las riquezas han fluido los terrores). 

El arte contemporáneo que se supone ya debía haber alcanzado la mayoría de edad, lleva más de dos décadas sonando sus bocinas está abocado a la concepción de lo fluido, le da la espalda a cualquier manifestación de permanencia. El arte que importa para los grandes centros de producción y sus epígonos es uno que se “instala” y luego se desmonta con una facilidad aterradora (como los capitales “golondrinas”) cuyos componentes son más virtuales que reales (como los balances generales contables de muchas empresas multinacionales) cuya presencia se nota en el movimiento (como los bonos soberanos) puesto que entra para llenar el hueco de algo que ha salido antes, que está siempre en déficit, de atención, de contenido (como las cuentas nacionales) y cuyo público no lo pondera por mucho tiempo (quedarse mirándolo es a veces similar a observar un abismo) ya que tampoco tiene mucho tiempo(el desempleo es estructural) es un arte efímero que ya no cree que debe ser más grande que la vida.

 Para la fecha de esta Bienal (otoño del 2013) aquellos que se creen dueños del mundo (un día despertaran dándose cuenta que algo mejor fue posible) son aquellos que manejan las transacciones que controlan  los activos, promueven el arte efímero, que no requiera pensarse mucho.  El jurado de la bienal de Santo Domingo premio solo manifestaciones del arte de lo fluido: instalación, video-arte, performance. Al ser de la opinión de que en la pintura y la escultura no había pasado nada (muchos recibimos esa afirmación como un insulto) tampoco en la fotografía o en el dibujo…mientras que uno de los exponentes de la fotografía sabía que algo si está pasando y supo cómo hacérselo saber al público de la Bienal, que a muchas personas de carne y hueso con sentimientos y corazón le están pasando muchas cosas…una de ellas es el “progreso” que les está pasando por arriba, arrollándolos.

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