Movil sorpresa



 Una antología hecha con mucho amor

El hilo de Ariadna se había partido.

En uno de los pasadizos del laberinto, Teseo se movía con la confianza de los victoriosos, de los que creen que los sueños siempre se cumplen, que las utopías aún están al alcance de su mano, que la muerte no toca a los valientes.

Al fondo de ese pasadizo, el Minotauro se movía a su encuentro con Teseo. Llevaba una extraña mueca en el hocico ¿Se le permite sonreír a los monstruos? Aun cuando el Minotauro se sabía el anverso del príncipe de Atenas: Feo, obscuro, sanguinario, condenado al fracaso, su corazón anidaba esperanza.

Esa mañana, y por primera vez en todas las historias en las que se había enfrentado con Teseo, había visto la mano del escritor cuando partía el hilo.


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