Aventuras en corrupción animada Buichi Terasawa y la posmodernidad
Buichi
Terasawa, como buen posmoderno, sabe muy bien que en el arte, y en los medios
de comunicación audiovisuales, la línea que separa el robo del homenaje es delgada mas no tenue, y engañar al público por
mucho tiempo no es deseable, ni integro, más si lucrativo. Buichi es talentoso,
así sea el talento de reunir estupendos colaboradores, y su colección de robo,
digo homenajes, ocupa un lugar especial en la mente de muchas personas que
crecimos en los noventa, viendo las aventuras ochenteras de un pirata espacial.
Cobra el pirata espacial, el de la psico-arma, o lo más
verdugo es muchas cosas, en especial, para los dominicanos que vivíamos en
Santo Domingo en la década de los noventa era una colección de aventuras en
corrupción. Vayamos por parte, no es el asunto nada mas de que uno se podía
corromper viéndolo, es algo que prefiero creer que no era posible, sino que
todo el show estaba construido en base a apropiaciones y homenajes de otros
shows, vertidos y subsumidos en la peculiar visión de sus creadores quienes
ayudados por el titán del cine comercial postmoderno que es Hayao Miyazaki, si
el mismo de Ghibli, lograban hacer pasar todo como si fuera original.
A ver ¿Que podía tener de original un western de opera espacial con espías y una federación galáctica
centrada en la Tierra? Para sorpresa de todo el que lo vea se dará cuenta que
tenía mucho de original y casi nada.
Un show paradójico, que robaba, disculpen, homenajeaba
a shows y personajes tan diversos como Star Trek, Jean Paul Belmondo, Sergio Leone,
George Lucas, James Bond, Kurosawa, Lupin el tercero, y los Transformers y sin
embargo podía ser original y único…Tenía que causar un interés tan marcado en
mentes jóvenes e impresionables como lo hizo.
Aparte de piratería intelectual, que no plagio, el
show tiene demasiado altura para eso, el otro tipo de corrupción nos
presentaba. Era el que lo hacía más interesante y creo que donde ha permanecido
su poder de atracción tantos años después de su aparición. El curioso universo
que Cobra nos invitaba a presenciar era una Vía Láctea del futuro que se
encontraba colonizada y en una paz aparente pero en el que los cimientos de la
sociedad se estaban resquebrajando. El relato empieza en media res, nuestro
protagonista no es lo que parece, es un héroe clásico, al punto de que muchos creíamos
que nos iban a decir que era un personaje mitológico del pasado de la Humanidad
que había miles de años aunque pareciera estar a un paso de cumplir 30,
atrapado en un cuerpo moderno, cuentan que Miyazaki se encargó de diseñar al
estupendo personaje rubio y vestido de rojo con un revolver magnum al cinto y
un cigarro sin tabaco en la boca. Este héroe moderno descubría en el primer capítulo
su condición de clásico cuasi-mitológico híper- tecnológico y desde allí
empezaban sus aventuras que nos llevarían a descubrir que todo galaxia se ha
sumergido en una espiral de corrupción de la que no podrá salir y que el
totalitarismo se aprovechará de esa corrupción para alzarse con el poder y
destruir la poca paz y prosperidad que podría quedar en ese futuro de
persecuciones de caballos de crines imposibles, pirámides marcianas y olas de
arena.
Los que vayan a ver a Cobra en el futuro, traten de
descubrir la advertencia que subrepticiamente hacía. Confieso que no sé quién
de los responsables del relato se lleva el mérito por ese toque de genialidad,
el director, los guionistas y el mismo Buichi. La Corrupción social es
peligrosa no solo porque le hace daño al tejido social, sino porque destruye la
posibilidad de un futuro pacifico.
Otra cosa a la que deseo presten atención los que
quieran ver y disfrutar los 31 episodios de esta serie animada es a la belleza
de los diseños de los fondos de los mundos alienígenas que absurdamente visita
Cobra en sus aventuras, son planetas de múltiples lunas, océanos de arena y
phototaxis letal, además de botellas y casinos y un personaje que como hacen todos los que
reseñan responsablemente la serie debe mantenerse en secreto, para que la
fuerza de su mensaje no se diluya.
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