Sobre el fallido cine fórum del 20 de mayo del 2021

Goshu el chelista (Sero Hiki no Gōshu, Japón 1982) Escrita para la pantalla y dirigida por Isao Takahata para y con el estudio de animación. Oh! Productions. Basado en un cuento de Kenji Miyazawa
Animación y música clásica tienen una larga, ilustre e infame historia, algo que Takahata toma en consideración, y por supuesto nos presenta su opinión en este breve y maravilloso proyecto. Los muñequitos, como se le conocía en la ciudad de Santo Domingo a las obras de animación, tienen su origen en la motivación de transmitir sentido y entretenimiento a niños. En el Japón de la posguerra se generó una industria inmensa de muñequitos idiosincráticos, autorreferenciales desde cuando ese concepto no tenía término y que se mueven entre la escoria abominable y las obras maestras audiovisuales, como esta que convoca al improbable e ideal lector de estas líneas y a quien las escribe.
Como esto es un intento de diario virtual y su origen es la imposibilidad de haber participado en un cine fórum que convoqué yo mismo, voy a disertar sin la brevedad casi perfecta que Takahata logró evocar, sobre lo que hubiese dicho, o tratado de decir, casi sin los odiosos spoilers, pero si usted ha llegado hasta esta oración y aún no ha visto el anime, salga y haga un esfuerzo en encontrarlo (Versiones integras aparecian en youtube) y verlo, no vaya a ser cosa que si espera, luego no pueda disfrutarlo. Los primeros minutos del proyecto parece una reinvención de un cortometraje producido por Walt Disney, que llenó mi tierna infancia de amor por Beethoven y en verdad de haber podido realizar el cine fórum del 20 de mayo del 2021 hubiese cansado a los asistentes hablando con son y ton de la sublime sexta sinfonía del genial músico de Bonn. La primera vez que vi Goshu sentí que su única función era presentar a un público joven e impresionable, los niños de la década de los ochenta, una de las más excelsas piezas del repertorio clásico, y así lo vi, cerrando los ojos y dejándome llevar por la música. Obviando el relato de Goshu y sus fabulaciones, riendo a carcajadas, casi mandíbula batiente, en la evocación de Tom y Jerry y contemplando con asco la secuencia de los ratones… Sin embargo algo no me dejaba tranquilo, por un lado entre los amables contertulios del cine club se despertó un espíritu de contradicción contra el filme, que opinaban, luego se demostró que a priori, que el proyecto había sido un error de Takahata (En términos coloquiales dominicanos decían: Eso e un clavo de Isao, y Isao no había logrado alcanzar un nivel de expresión adecuado) Yo que la había visto y disfrutado inmensamente estaba perplejo, por un lado, quienes hablaban eran cinéfilos probados. Por otro yo había visto las aventuras y desventuras del Violonchelista con los ojos entrecerrados, la duda ofídica susurraba a mi oído: Te equivocaste de nuevo, Beethoven volvió a engañarte, el emperador repitió su traje…
And then, lovely music came to my help en palabras de Anthony Du Large, otro germanófilo, me puse a escuchar la sexta sinfonía de Beethoven (Interpretada en Berlín, 1944, dirigida por Furtwangler en presencia de la plana mayor del Partido) y quede convencido de que cualquier proyecto que desee poner en contactos con mentes jóvenes una pieza tan hermosa, debe de estar bendito. A la primera apertura de mi agenda antes del encuentro pautado del cine fórum, me senté a ver los pocos más de sesenta minutos que dura la pieza audiovisual. ¡Que revelación! Takahata ya en los ochenta se coronaba como el heredero del naturalismo metafísico nipón e inscribía su nombre en la constelación de ilustres cineastas como: Kazuo Miyagawa, Azasuku Nakai, y otros más celebres inclusive.
¡Qué imagen! ¡Cuánta claridad en la expresión! ¡Que dominio de la narrativa! ¡Cuánta profundidad y dominio del mensaje! La reflexión es simple, y sintetizo en estas palabras: Si se quiere ser artista hay que trabajar duro, amar la tradición e innovar sobre ella, conocerse internamente, reconociendo los propios errores y no excusándolos antes bien esforzarse con empeño y ciencia para superarlos, escuchar a los demás y ponerse en respetuoso contacto con la naturaleza y su estridente silencio. Si el aplauso llega después de tanta labor, bienvenido sea, pero si el verdadero artista no es reconocido por el público tampoco importa. En la soledad de nuestro habitáculo podremos vernos cara a cara con nuestros precursores en el arte y sentir que ellos nos dicen: Bien hecho y eso será bastante recompensa.
Por supuesto que Goshu el chelista tiene sus defectos, no es la obra maestra incólume como la sexta sinfonía que ilustra, juega tal vez en demasía con las cartas dadas a la perfidia del género de las fábulas, lo hace para facilitar su comprensión por los menores en sus casas y por los productores en sus oficinas, pero trampa es trampa, el dibujo peca a veces de pueril, en especial en el diseño de los seres humanos…y tampoco puede concebirse sin Beethoven…sin embargo y esta es mi opinión personal, no un hecho científico, los medios audiovisuales en general, en especial los propios del internet no se hubiesen concebido sin Beethoven, así que…
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