Sobre la utilidad del cine. Reseña acerca de La Academia de las musas de José Luis Guerín
Este texto apareció primero en CineDominicano.net. el 25 de abril del 2016
Durante el taller: Variaciones de lo real. En la Cinemateca Dominicana postrimerias del invierno 2013
¿Para
qué sirve un filme?
En
su filme de 1997 “Tren de Sombras” José Luis Guerín (Barcelona 1960) parecía
preguntarse ¿Para qué sirve un rollo de celuloide? (Precisemos, varios rollos
de 16mm) y construía su respuesta a partir de la existencia de un cineasta doméstico,
espectral y del Montaje. En el 2007 en el filme “Dans le ville du Silvie” la
pregunta parecía ser ¿Para qué sirve un recuerdo? Y a su respuesta se llegaba a
través de los bocetos de un pintor en su cuaderno de dibujo. En “Guest” del
2010 y en tono de “documento” la respuesta a la pregunta que se plantea en el
filme, es visceral, casi reactiva y viene registrada en la misma voz del autor:
“La pintura, la pintura es más importante que el cine”. Estos ejemplos
presentan una constante en la filmografía de Guerín (Recurrente en “Los motivos
de Bertha” y su rodaje dentro del rodaje, “Innesfree” y el pueblo ficticio que
evocó John Ford en “The Quiet man” “En construcción” que es literalmente un
curso de estudios superiores en cinematografía, “Unas fotos en la ciudad
Silvia” que es un largometraje y a la vez el boceto de otro largometraje)
Guerín
quizás el más cinéfilo de todos los cineastas contemporáneos es también quien
parece poner más en entredicho la solidez de la propuesta estética del cine
como ente autónomo. Sus películas acostumbran a presentar preguntas como: ¿Para
qué sirve un rodaje? ¿Cuál es el valor del celuloide? ¿Quiénes han sido las
grandes estrellas en los lugares donde se supone que dejaron su huella? ¿Por
qué producir una película con un personal técnico y artístico especializado si
un individuo con una cámara fabricada para grabar bautismos, bodas y cumpleaños
puede contar la misma historia? ¿Para decir lo que ya han dicho antes y mejor:
Rembrandt, Degas y hasta Hopper se necesita contratar a un pequeño ejército de
vestuaristas, maquilladores y decoradores? ¿Puede un actor, o actriz expresar
mejor la huella que las pasiones, vicisitudes, placeres y alegrías dejan sobre
el rostro humano que Velásquez, Rafael o Leonardo? ¿Osará algún Director de
fotografía insinuar que el y su equipo de cámara han logrado capturar mejor el diáfano y
obscuro viaje de la luz que: Caravaggio, Turner, o que las Escuela Flamenca e
Impresionista?
Poner en entredicho el valor mismo del cine como arte eso ha hecho la
Filmografía de Guerín y eso vuelve a hacer, ahora partiendo de Dante, en “La
Academia de las musas” (largometraje tan peculiar y modesto como profundo) En
esta ocasión las respuestas que construye resultan ser un arrebato de dudas
confluyentes a las puertas del Averno (literalmente) Es menester reconocer que
si el valor de este filme residiera solo en lo antes expuesto, su interés
podría limitarse a los cinéfilos duros, los seguidores del cineasta, los
aspirantes a cineastas y al resto de los colegas de Guerín, el público en
general estaría mejor servido obviando el filme que vendría a ser un artilugio
estético más propio de una bienal de artes visuales o de un simposio académico.
Sin embargo “La academia de las musas” y en esto reside tal vez su redención;
muestra también de una manera sutil (sin ninguna intención de pontificar) que
nuestras acciones tienen consecuencias sobre aquellos que decimos amar y lo
hace de una forma tan fehaciente que al final, después de verlo, se hace
catarsis.
http://www.cinedominicano.net/sitio/?p=2057
Fotograma del filme


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